Por la noche – cuento

Me desperté a las 3 de la mañana y no pude volver a dormir. No pude reprimir la amargura de sus palabras. “Mi corazón me dice que no es una buena idea”, dijo, y ¿cómo le discutís a un corazón? Si fuera así de simple en otros aspectos de la vida: “Lo siento, jefe, mi corazón me dijo que hoy tenía que llegar un par de horas tarde.” O: “Lo siento, banco, mi corazón me dice que la tasa de interés que me dieron es injusta, así que no pago.” Pero dio como argumento su corazón, y aparentemente en estos asuntos no hay mayor autoridad. ¿A quién se le ocurrió esa estupidez? ¿Qué tiene para decir de interesante una bomba de sangre? ¿Debemos decidir acerca de nuestras vidas según la taquicardia? “Mi corazón me dice que no somos el uno para el otro”. ¿Qué viene después? “Mi culo me dijo que no puedo?”

Ese es el tipo de pensamientos que tengo a las 3 de la mañana. Puede que no sea Einstein, pero estoy seguro de que él no tuvo que lidiar con este nivel de estupidez. Ni siquiera podía estar apropiadamente triste, tan arrabiado estaba. Quiero decir, no necesitás una razón para terminar con alguien, pero, por favor, no te inventes una estúpida. El problema es que mis horas diarias no son mejores. Soy un economista en Argentina, y cuando digo que soy un economista, me refiero a uno real, no del tipo que mezcla la economía con la ideología. La economía es una ciencia tan exacta como la física, y si no respetas sus reglas, te golpeará la gravedad. Entonces, cuando digo que soy un verdadero economista, quiero decir que soy un capitalista liberal, que tuvo la desgracia de haber nacido en un país de comunistas. Ahora, para que entiendan la angustia de mi situación, imagínense que un partido gay gana las elecciones en su país. Desafortunadamente, este partido no es liberal como ustedes, sino socialista. Como liberales, ustedes profesan su derecho a decidir si son heterosexuales o no, pero ellos, como socialistas, creen que sus derechos deberían estar subordinados al bien público. Entonces, constantemente les exigen que contribuyan a la sociedad abriendo sus mentes y su sexualidad. Así es exactamente como me siento en este país. Esta caridad con el culo ajeno tiene éxito en los países nórdicos, dicen. Pero hay un alto nivel de igualdad económica en esos países, por lo que las decisiones sobre impuestos afectan a sus habitantes casi por igual. Aquí las políticas de impuestos son al estilo de Robin Hood, profundizando el antagonismo entre las clases.

Trabajo para personas que me hacen la pregunta ignorante: “¿Por qué la moneda sigue devaluándose?” Dicen que no hay preguntas tontas, pero esta pregunta me molesta porque muestra el nivel de desinformación en este país. La moneda no se devalúa por sí misma, el Banco Central la devalúa al imprimir más dinero. La gente sigue pensando que Venezuela es simplemente un golpe de mala suerte y que los defaults son desastres naturales que simplemente no se pueden evitar. No ven la relación directa entre el déficit fiscal y la incapacidad de pagar nuestra deuda externa. Es con eso que los políticos populistas les han estado alimentando todo este tiempo.

Soy liberal en todos los aspectos de mi vida, lo que significa que disfruto del romance en libros y películas, pero sé cómo distinguir la ficción de la realidad. En la vida real, tenemos que decidir con nuestros cerebros, es por eso que los tenemos. Erich Fromm explicó bien que dotamos la palabra amor con poderes mágicos. Cuando nos sentimos atraídos por alguien, pronunciamos esta palabra mágica para tratar de hechizar a la otra persona, así siente lo mismo por nosotros. Al llamarlo amor, atribuimos características celestiales a algo tan básico como el instinto. El tangoes de a dos, y el amor también. El amor no es un sentimiento sino una acción condicionada a la aceptación de este amor por parte de la otra persona. No podemos forzar el amor en nadie, y tampoco podemos amar unilateralmente. Eso ya no sería amor sino un desahogo emocional egoísta. El liberalismo implica el respeto por la realidad y los datos, porque las visiones románticas de la realidad conducen a una concepción equívoca del amor en la esfera personal y al fascismo y la demagogia en la esfera política.

Entonces, acá estoy, asediado por la estupidez moral del comunismo durante el día y atormentado por la falta de autoconciencia de esta chica durante la noche. ¿Por qué me importa ella? Siendo tan liberal, debería dejar que se pudra en sus propias decisiones, pero tengo un sueño recurrente. Me despierto molesto en medio de la noche y siento que mi mente romántica quiere controlar mi mente racional. Para mi vergüenza, contemplo las siguientes ideas: “¿Qué pasaría si ella cambiara de opinión? ¿Qué pasaría si pudiera convencer a su corazón de que realmente es una buena idea?” Mi razón me dice que es inútil intentar convencer a un corazón, pero la soledad y el anhelo me han llevado a esta idea comunista: forzar un sentimiento en alguien. Va en contra de mis valores liberales de proponer algo y luego aceptar la decisión del otro de aceptarlo o no. Sé que estoy más cerca de la doctrina marxista cuando pienso en convencerla de que haga lo correcto. Incluso si estar conmigo fuera lo correcto, ¿Y si ella no quiere hacer lo correcto? ¿Y si ella quiere cometer errores y vivir una vida descuidada? ¿Quién soy yo para pisotear, al estilo Che Guevara, su libertad de ser hedonista? ¿Quién soy yo para forzar la virtud en alguien?

Sé que es triste que tenga que disuadirme del comunismo hasta las 5 de la mañana para finalmente poder dormir un poco. Pero ¿cuál es la opción? ¿Secuestrarla y esperar que desarrolle el síndrome de Estocolmo? Además de quebrantar todos mis valores liberales, eso me llevaría a la cárcel. Soy una persona inteligente, por lo que finalmente dejé de enviarle mensajes de texto preguntando ¿Cómo estás? y fingiendo indiferencia mientras temblaba de rabia ante el más leve desaire. La extraño tanto como un rock star extraña su cocaína, pero sobreviviré. Sin embargo, el sueño es recurrente; aunque ahora los distingo mejor. Estoy seguro de que es exactamente el mismo sueño, porque siempre tengo la misma sensación al despertarme. Al principio, no recordaba nada; me sentía simplemente extremadamente ansioso cuando me despertaba. Era un cóctel de impotencia, frustración e indignación. Ahora, les pido un poco de paciencia mientras les cuento mi sueño. Como saben, los sueños no tienen sentido, así que la mayoría de lo que voy a decir es incongruente con la realidad e incoherente en sí.

El dictador de Argentina viene a mi habitación a preguntarme dónde estaban los comunistas. Él viene personalmente, rodeado de soldados vestidos de civil. Ya sé que en la vida real vivimos en democracia, pero, en mi sueño, un verdadero dictador, con miles de asesinatos en su cuenta, gobierna la Argentina. Temo por mi vida en seguida, porque creo que, según sus criterios, también yo soy comunista, así que elijo el camino del cobarde y le digo que los comunistas están en lo de Jorge, mi vecino. Cuando se van me entristece haber entregado a Jorge. Ojalá supiera el nombre de mi vecino de arriba, que a veces me malambéa en la mitad de la noche. Ahora el sueño se vuelve extraño por un chiste que conozco, que juega su rol. El chiste dice: “Un hombre a veces es despertado por un vecino que se quita ruidosamente los zapatos al regresar del trabajo. Una noche se despierta por el sonido de un zapato que cae estruendosamente en el suelo. Intenta volver a dormir pero finalmente sube las escaleras y llama a la puerta de su vecino. Cuando se abre la puerta, él le dice al vecino: ¿Podrías quitarte el otro zapato?” Así que, en el sueño, estoy buscando el zapato perdido de mi vecino para poder volver a dormir. Finalmente, lo encuentro y me doy cuenta de que es un zapato comunista. Es él el comunista, no yo ni Jorge. Así que, a pesar de mi miedo, voy al departamento de Jorge con el zapato. Quiero mostrarle al dictador que el zapato de Jorge no es como este zapato comunista. Pero cuando llego a su apartamento, la puerta está entreabierta pero ya se han ido. Estoy seguro de que Jorge está muerto y esto me llena de remordimientos.

Ahora, hay una gran brecha en el sueño. Estoy en juicio por haber matado a comunistas. El hombre que me acusa es mi vecino de arriba. El dictador es un testigo. Me señala en el juicio y me identifica como el que dio la orden de matar a los comunistas. Ruego, llorando, que me dejen encontrar el zapato de Jorge para mostrarles que no era un comunista. No me pregunten por qué mi estrategia de defensa es demostrar que Jorge no era un comunista en lugar de demostrar que no fui yo quien lo mató. Como saben, los sueños son amorales y creo que, dadas las circunstancias del juicio, era mi mejor chance. Ahora ella entra y se sienta en el banco de testigos. Tampoco mo me pregunten por qué, pero su testimonio es incluso más importante que el del dictador, que por cierto, sigue gobernando y asesinando a personas, pero ahora, aparentemente, está en contra de asesinar a comunistas. Le hacen una pregunta simple: ¿Es él un comunista? Refiriéndose a mí. La pregunta es muy simple, pero ella no sabe la respuesta. La veo romperse la cabeza tratando de recordar. Al final ella dice: “Tal vez,” y eso destruye el argumento de la fiscalía. Porque si soy comunista, no podría haber matado un comunista. Probablemente así es como el dictador se salió con la suya, pero eso no es explícito en el sueño.

Ahora el dictador viene a presentarme sus disculpas. Me hace una reverencia y me dice: “Lamento el malentendido, Su Alteza”. Me indigna que me hayan confundido con un comunista, así que digo: “¡No soy realeza; soy un capitalista. Trabajo por mi dinero!”. Todos se ríen de lo que consideran una broma. Voy a buscarla y le digo: “No soy comunista. ¿No lo sabés? “Y ella responde simplemente: “Se me olvidó.” “¿Pero no me revisaste los zapatos?”, le pregunto. “Los lavé”, dice ella y me muestra un par de zapatillas comunistas. En este momento siempre me levanto y, a veces, incluso extiendo mi mano hacia el suelo para intentar encontrar mis zapatos capitalistas, pero solo encuentro un par de ojotas neutrales. No sé por qué, pero, en este sueño, asocio mis zapatos de cuero con el capitalismo.

Como mencioné, es solo después de que rompí el contacto con ella que este sueño empezó a permanecer en mi mente después de recobrar el conocimiento. Antes, era demasiado ambivalente para salir a la luz y, por lo tanto, estaba fuertemente reprimido. Su significado es muy claro para mí ahora: A ella nunca le importé lo suficiente como para saber que no soy comunista. Ella incluso lavó mis zapatos descuidadamente. Sin embargo, salvó mi vida al hacerlo. Como dije, el sueño es realmente ambivalente, igual que el comunismo o el socialismo. Por un lado, se representan los intereses de la gente, pero por otro lado, se les roba su propio dinero para después devolvérselo. Es como si Robin Hood robara a los pobres para darle a los pobres. No pude ver la lógica en eso, pero ahora la veo. Su indiferencia me salvó. Al distorsionar los hechos, me dio la bienvenida al seno del comunismo. En este mundo, los hechos son irrelevantes; lo relevante son los sentimientos. Las personas se sienten bien porque se sienten incluidas, cuidadas. Y así es como me siento al final de mi sueño. Me alegro de ser comunista. No me molesta cuando me dice que me lavó los zapatos; al contrario, soy feliz. La razón por la que me enojo tanto y me despierto de repente es que quiero agarrar mis zapatos capitalistas y quitérmelos, esconderlos y, desde ese momento, ser atendido por la mano amorosa y redistributiva del comunismo.

soyjuanma86

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